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¿Por qué quieren sacar a Dios de las escuelas?

Por ZENAIR BRITO CABALLERO

En el caminar de la vida, todas las personas hemos tenido la oportunidad de alcanzar un espacio de paz y tranquilidad, observar que la vida pasa de una manera rápida y entender que existe algo, o Alguien superior que nos permite vivir y disfrutar. Este es Dios Misericordioso.

Dios, centro del universo, aquel que nos enseñó a no matar, a amar al prójimo como a sí mismo, a no robar, a no matar, a amar al padre y la madre, es fuente de un catálogo de valores, precisamente los que nos hacen falta a los venezolanos retomar en la actualidad, para apuntalar la columna vertebral de nuestra sociedad, que hoy está peor que nunca.

“No se debe usar la religión,” argumentan algunos para decir que debemos sacar a Dios de las escuelas. Como si el problema del juramento constitucional que hacen las autoridades para dar cumplimiento a sus cargos fuera Dios, cuando no se entiende que la responsabilidad es de quien jura. No culpes a Dios por las torpezas del hombre.

Ya hace meses he venido observando en las instituciones gubernamentales y sobre todo en los dos Ministerios de Educación con la aprobación de la Ley Orgánica de Educación (LOE), la infiltración de ciertas tesis de preocupante Neoliberalismo moral. Ahora, es “políticamente correcto” darle el visto bueno a la ideologización y adoctrinamiento socialista-comunista y a muchas otras “innovaciones” que procuran encaminarnos por rutas que en poco o nada ayudarán a combatir la descomposición social que sufre Venezuela.

La última novedad de los grupos socialistas-comunistas que defienden esas iniciativas es sacar a Dios de las escuelas. Es como la cereza para terminar de adornar la torta. Para estas personas, lo de Dios es de Dios y lo legal es legal, así de simple. Al terrorífico estilo nazi, donde la única valoración que contaba era la legal, de modo que cualquier cosa podía ser correcta con sólo que fuera legal. Bajo el Nazismo, el Holocausto era legal.

Trato igualitario profieren los proponentes. ¿Habrán leído bien los artículos de La Constitución y de la LOE? Aún cuando el criterio histórico y sociológico, de un país como el nuestro que nace de la colonización española, explique la mención de la Iglesia Católica, lo cierto es que aquí se consolida y defiende a nivel constitucional la libertad de cultos.

Curiosamente, sólo en la cultura cristiana occidental existe la tolerancia hacia otras creencias o la ausencia de éstas: Amplísima consolidación de los grandes valores cristianos que han dado sustento a nuestra sociedad. ¿Nos hará daño que se consoliden en nuestras escuelas los conceptos cristianos de amar al prójimo, el respeto a la disidencia, la solidaridad con el prójimo, no matar, respetar y honrar a los padres? Si usted la lee detenidamente, se da cuenta, que muchos artículos de La Constitución venezolana de 1999 están impregnados de estos valores. El preámbulo, el juramento constitucional, las Garantías Sociales, todo nace en el contexto de una cultura cristiana.

Eliminar la presencia de Dios en las escuelas es una reforma total a nuestra Carta Magna, un cambio mucho más brutal de lo que hasta ahora se ha pensado. Sacar a Dios de las escuelas sólo por sacarlo es lo peor que podría pasarnos. Si en nuestra democracia se respeta a las mayorías, ¿por qué se pretende amordazar los valores cristianos que identifican a más del 98 por ciento de la población venezolana, valores que no dañan, pero sí ayudan? Parafraseando la propia Constitución, “no nos opongamos a la moral universal ni a las buenas costumbres.”

Ciertamente este tipo de luchas no es nuevo para el Cristianismo, pues lleva ya más de dos mil años. Pero siempre han salido triunfantes las palabras de Jesucristo, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24:35). No será esta la excepción, aunque el Ministerio de Educación rojo-rojito parecieran querer desalojar a Dios de las escuelas venezolanas.

Aclárate. Publicado: 30-SEP-2009.

Brito Caballero es doctora en Psicología y Ciencias de la Educación, y es profesora jubilada de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

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